Por: Juanito 51
LOS FRUTOS DEL ESPIRITU
Un árbol bueno, cuando crece, da frutos buenos. Si no, se le corta, se le echa fuera, y se le quema. Pero si da fruto, se le cuida, poda y abona para que de más fruto.
Así como un manzano da manzanas y una higuera da higos, los que hemos recibido el Espíritu Santo, debemos manifestar los frutos del Espíritu.
Dios como sembrador, plantó ya su buena semilla (el Espíritu Santo) en una tierra que El mismo preparó en nosotros. La regó con Agua Viva y la abonó con la Sangre preciosa de su Hijo. Ahora espera que dé mucho fruto y un fruto que permanezca, pero los frutos que El espera son los frutos de la semilla que El sembró; no de ninguna otra.
San pablo nos dice claramente cuales son los frutos del Espíritu:
Gal 5, 22-23
El fruto del Espíritu es amor, alegría y paz; generosidad y comprensión de los demás; fidelidad y bondad; mansedumbre y dominio de sí mismo. Contra tales cosas no hay ley.
El amor o la caridad es evidentemente el amor hacia el prójimo que se caracteriza por la entrega de la propia persona para comprender y servir al necesitado. Por si mismo el amor ocupa un sitio de privilegio por donde fluyen todos los demás frutos.
La alegría y la paz se refieren a experiencias personales de la acción íntima del Espíritu Santo que mora en el corazón del creyente. La alegría es un gozo espiritual y la paz es una tranquilidad de la mente, basadas en la conciencia que se tiene de la amistad con Dios. La paz encierra la idea de perfección y plenitud.
La generosidad consiste en grandeza de alma y corazón y nos lleva a la comprensión de los demás soportando la conducta del prójimo en saber sufrir el mal infligido por otros sin airarse.
La fidelidad es un fruto que debe ser en lo poco o en lo mucho.
La bondad tiene su significado obvio.
El dominio de sí mismo indica el control personal sobre los propios impulsos y deseos
Contra tales cosas no hay ley. Es claro, no puede haber ley alguna que prohíba el ejercicio de tales realidades y la conducta inspirada por el Espíritu Santo, lo cual no puede ser nunca objeto de condenación.
Hoy nuestra iglesia se reúne en una velada de oración para pedir el Espíritu Santo que venga a cada uno de nosotros a transformarnos y vivir una vida que de muchos frutos.
Hoy es el día en que puedes a tener esa comunión con el Espíritu Santo para día a día te llene de su amor y camines como verdadero hijo de Dios, y de esa manera transformar y llenar al mundo de amor.
Bendiciones
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sábado, 30 de mayo de 2009
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