No disputes con poderosos, no vayas a caer en sus manos.
No contiendas con ricos, para que no echen sobre ti todo su peso. Porque el oro puede mucho y pervierte el corazón de los reyes.
No disputes con hombre lenguaraz, que sería amontonar leña sobre el fuego.
No bromees con indisciplinado, no sea que maldiga a tus progenitores.
No ultrajes a quien se aparta del pecado; ten en cuenta que todos somos reos de castigo.
No faltes al respeto al anciano que también ellos fueron jóvenes.
No te alegres de la muerte de uno; acuérdate de que todos moriremos.
No desprecies los discursos de los sabios y sigue sus consejos. Porque de ellos aprenderás la doctrina y a servir bien a los grandes.
No prestes a quien puede más que tú, y si le prestas dalo por perdido.
No vayas de camino con el temerario, no pesen sus temeridades sobre ti, pues él hará según su capricho, y por imprudencia perecerías con él.
No te pelees con el iracundo y no atravieses con él el desierto, porque nada es la sangre a sus ojos y te derribará donde no haya quien te ayude.
Con el necio no tengas consejo porque no podrá callar lo que hayas dicho.
No descubras a cualquiera tu corazón, no te arrebate tu bien.
Juanito 51
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sábado, 13 de junio de 2009
miércoles, 10 de junio de 2009
La soberbia
Por: Juanito 51
No vuelvas a tu prójimo mal por mal, cualquiera que sea el que él te haga, ni te dejes llevar de la soberbia.
La soberbia es odiosa al Señor y a los hombres, y contra ambos peca quien comete injusticia.
El principio de la soberbia es apartarse de Dios y alejarlo de su corazón.
Porque el pecado es el principio de la soberbia y la fuente que lo alimenta mana maldades.
Por esto el Señor manda tremendos castigos y los extermina de raíz.
Los tronos de los príncipes derriba El Señor, y en lugar suyo asienta a los mansos.
El Señor arranca de raíz a los soberbios y planta en su lugar a los humildes.
Otras faltas que cometes te las reclama la conciencia, si dices mentiras, robas, engañas, etc., pero la soberbia es el único pecado que no te reclama la conciencia, porque crees que estas haciendo bien las cosas.
Pídele al Señor que te haga humilde y sencillo y que doblegue tu soberbia para seas grato a sus ojos.
Juanito 51
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No vuelvas a tu prójimo mal por mal, cualquiera que sea el que él te haga, ni te dejes llevar de la soberbia.
La soberbia es odiosa al Señor y a los hombres, y contra ambos peca quien comete injusticia.
El principio de la soberbia es apartarse de Dios y alejarlo de su corazón.
Porque el pecado es el principio de la soberbia y la fuente que lo alimenta mana maldades.
Por esto el Señor manda tremendos castigos y los extermina de raíz.
Los tronos de los príncipes derriba El Señor, y en lugar suyo asienta a los mansos.
El Señor arranca de raíz a los soberbios y planta en su lugar a los humildes.
Otras faltas que cometes te las reclama la conciencia, si dices mentiras, robas, engañas, etc., pero la soberbia es el único pecado que no te reclama la conciencia, porque crees que estas haciendo bien las cosas.
Pídele al Señor que te haga humilde y sencillo y que doblegue tu soberbia para seas grato a sus ojos.
Juanito 51
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viernes, 5 de junio de 2009
La misericordia
Por: Juanito 51
El misericordioso presta a su prójimo y guarda los preceptos de Dios. Presta a su prójimo al tiempo de la necesidad y devuelve a su tiempo lo que le prestan.
Mantén tu palabra, se fiel con el que es leal, y hallarás en todo tiempo lo que necesites.
Para muchos el préstamo es un hallazgo, fastidian a quien lo socorrió, pero al momento de la devolución da largas, da vanas excusas y le echa la culpa al tiempo.
Si paga, apenas pagará la mitad y tendrán que darlo por hallazgo, y si no paga, te quedarás sin tu dinero y te habrás hecho, sin quererlo, un enemigo.
Te pagará con maldiciones e injurias, y en vez de honor devolverá ultrajes.
Muchos por esto se niegan a prestar, pues temen ser robados como tontos.
Sin embargo, sé generoso con el que está en desgracia y no le hagas esperar la ayuda. Por amor a Dios, acoge al pobre y en su necesidad ayúdalo.
Por amor del hermano y del amigo consiente en perder tu dinero no dejes que se enmohezca bajo una piedra.
Hazte un tesoro según los preceptos de Dios, y te aprovechará más que el oro. Y más que un fuerte escudo y una lanza poderosa combatirá por ti contra el enemigo.
Juanito 51
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El misericordioso presta a su prójimo y guarda los preceptos de Dios. Presta a su prójimo al tiempo de la necesidad y devuelve a su tiempo lo que le prestan.
Mantén tu palabra, se fiel con el que es leal, y hallarás en todo tiempo lo que necesites.
Para muchos el préstamo es un hallazgo, fastidian a quien lo socorrió, pero al momento de la devolución da largas, da vanas excusas y le echa la culpa al tiempo.
Si paga, apenas pagará la mitad y tendrán que darlo por hallazgo, y si no paga, te quedarás sin tu dinero y te habrás hecho, sin quererlo, un enemigo.
Te pagará con maldiciones e injurias, y en vez de honor devolverá ultrajes.
Muchos por esto se niegan a prestar, pues temen ser robados como tontos.
Sin embargo, sé generoso con el que está en desgracia y no le hagas esperar la ayuda. Por amor a Dios, acoge al pobre y en su necesidad ayúdalo.
Por amor del hermano y del amigo consiente en perder tu dinero no dejes que se enmohezca bajo una piedra.
Hazte un tesoro según los preceptos de Dios, y te aprovechará más que el oro. Y más que un fuerte escudo y una lanza poderosa combatirá por ti contra el enemigo.
Juanito 51
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martes, 2 de junio de 2009
Tres cosas gratas
Por: Juanito 51
En tres cosas gratas se debe complacer el ser humano, ante Dios y ante los hombres:
1. La concordia entre hermanos.
2. La amistad entre los prójimos.
3. La armonía entre mujer y marido.
Hay también tres cosas aborrecibles en las personas:
1. Pobre soberbio.
2. Rico embustero.
3. Anciano adúltero y necio.
Juanito 51
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En tres cosas gratas se debe complacer el ser humano, ante Dios y ante los hombres:
1. La concordia entre hermanos.
2. La amistad entre los prójimos.
3. La armonía entre mujer y marido.
Hay también tres cosas aborrecibles en las personas:
1. Pobre soberbio.
2. Rico embustero.
3. Anciano adúltero y necio.
Juanito 51
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sábado, 30 de mayo de 2009
Los frutos del Espíritu (2a. parte)
Por: Juanito 51
LOS FRUTOS DEL ESPIRITU
Un árbol bueno, cuando crece, da frutos buenos. Si no, se le corta, se le echa fuera, y se le quema. Pero si da fruto, se le cuida, poda y abona para que de más fruto.
Así como un manzano da manzanas y una higuera da higos, los que hemos recibido el Espíritu Santo, debemos manifestar los frutos del Espíritu.
Dios como sembrador, plantó ya su buena semilla (el Espíritu Santo) en una tierra que El mismo preparó en nosotros. La regó con Agua Viva y la abonó con la Sangre preciosa de su Hijo. Ahora espera que dé mucho fruto y un fruto que permanezca, pero los frutos que El espera son los frutos de la semilla que El sembró; no de ninguna otra.
San pablo nos dice claramente cuales son los frutos del Espíritu:
Gal 5, 22-23
El fruto del Espíritu es amor, alegría y paz; generosidad y comprensión de los demás; fidelidad y bondad; mansedumbre y dominio de sí mismo. Contra tales cosas no hay ley.
El amor o la caridad es evidentemente el amor hacia el prójimo que se caracteriza por la entrega de la propia persona para comprender y servir al necesitado. Por si mismo el amor ocupa un sitio de privilegio por donde fluyen todos los demás frutos.
La alegría y la paz se refieren a experiencias personales de la acción íntima del Espíritu Santo que mora en el corazón del creyente. La alegría es un gozo espiritual y la paz es una tranquilidad de la mente, basadas en la conciencia que se tiene de la amistad con Dios. La paz encierra la idea de perfección y plenitud.
La generosidad consiste en grandeza de alma y corazón y nos lleva a la comprensión de los demás soportando la conducta del prójimo en saber sufrir el mal infligido por otros sin airarse.
La fidelidad es un fruto que debe ser en lo poco o en lo mucho.
La bondad tiene su significado obvio.
El dominio de sí mismo indica el control personal sobre los propios impulsos y deseos
Contra tales cosas no hay ley. Es claro, no puede haber ley alguna que prohíba el ejercicio de tales realidades y la conducta inspirada por el Espíritu Santo, lo cual no puede ser nunca objeto de condenación.
Hoy nuestra iglesia se reúne en una velada de oración para pedir el Espíritu Santo que venga a cada uno de nosotros a transformarnos y vivir una vida que de muchos frutos.
Hoy es el día en que puedes a tener esa comunión con el Espíritu Santo para día a día te llene de su amor y camines como verdadero hijo de Dios, y de esa manera transformar y llenar al mundo de amor.
Bendiciones
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LOS FRUTOS DEL ESPIRITU
Un árbol bueno, cuando crece, da frutos buenos. Si no, se le corta, se le echa fuera, y se le quema. Pero si da fruto, se le cuida, poda y abona para que de más fruto.
Así como un manzano da manzanas y una higuera da higos, los que hemos recibido el Espíritu Santo, debemos manifestar los frutos del Espíritu.
Dios como sembrador, plantó ya su buena semilla (el Espíritu Santo) en una tierra que El mismo preparó en nosotros. La regó con Agua Viva y la abonó con la Sangre preciosa de su Hijo. Ahora espera que dé mucho fruto y un fruto que permanezca, pero los frutos que El espera son los frutos de la semilla que El sembró; no de ninguna otra.
San pablo nos dice claramente cuales son los frutos del Espíritu:
Gal 5, 22-23
El fruto del Espíritu es amor, alegría y paz; generosidad y comprensión de los demás; fidelidad y bondad; mansedumbre y dominio de sí mismo. Contra tales cosas no hay ley.
El amor o la caridad es evidentemente el amor hacia el prójimo que se caracteriza por la entrega de la propia persona para comprender y servir al necesitado. Por si mismo el amor ocupa un sitio de privilegio por donde fluyen todos los demás frutos.
La alegría y la paz se refieren a experiencias personales de la acción íntima del Espíritu Santo que mora en el corazón del creyente. La alegría es un gozo espiritual y la paz es una tranquilidad de la mente, basadas en la conciencia que se tiene de la amistad con Dios. La paz encierra la idea de perfección y plenitud.
La generosidad consiste en grandeza de alma y corazón y nos lleva a la comprensión de los demás soportando la conducta del prójimo en saber sufrir el mal infligido por otros sin airarse.
La fidelidad es un fruto que debe ser en lo poco o en lo mucho.
La bondad tiene su significado obvio.
El dominio de sí mismo indica el control personal sobre los propios impulsos y deseos
Contra tales cosas no hay ley. Es claro, no puede haber ley alguna que prohíba el ejercicio de tales realidades y la conducta inspirada por el Espíritu Santo, lo cual no puede ser nunca objeto de condenación.
Hoy nuestra iglesia se reúne en una velada de oración para pedir el Espíritu Santo que venga a cada uno de nosotros a transformarnos y vivir una vida que de muchos frutos.
Hoy es el día en que puedes a tener esa comunión con el Espíritu Santo para día a día te llene de su amor y camines como verdadero hijo de Dios, y de esa manera transformar y llenar al mundo de amor.
Bendiciones
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Los frutos del Espíritu (1a. parte)
Por: Juanito 51
Para entender mas sobre nuestro comportamiento vamos a ver como está constituido el ser humano
1 Tes. 5,23
Que el Dios de la paz los haga santos en toda su persona. Que se digne guardarlos sin reproche en su espíritu, su alma y su cuerpo hasta la venida de Cristo Jesús nuestro Señor.
Como vemos el ser humano tiene: cuerpo alma y espíritu.
El cuerpo es la materia, la que maneja los impulsos, necesidades, apetitos, deseos, pasiones, vicios, etc.
El alma está compuesta por la mente, la voluntad, inteligencia y pensamiento.
El espíritu es la parte que nos identifica con Dios.
Nosotros antes de conocer a Cristo estábamos siendo gobernados por el cuerpo y la mente, pero ahora que ya conocemos a Jesús nuestro espíritu debe tener sometidos al cuerpo y a la mente.
Pero como todos sabemos no ha sido fácil, es una lucha interior diaria a la que nos enfrentamos y a veces nos domina la carne y damos frutos de la carne y en otras ocasiones nuestro espíritu domina y damos frutos del espíritu.
LOS FRUTOS DE LA CARNE
Los frutos de la carne son: (Gal. 5, 19-21)
Ahora bien, las obras de la carne son manifiestas. Son estas:
fornicación, impureza, libertinaje;
idolatría, hechicería;
odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones, sectarismos, envidias;
embriagueses, orgías y cosas semejantes.
Esta lista de vicios cubre 4 campos:
El primer grupo presenta 3 pecados de sensualidad en el sentido estricto de la palabra.
El segundo grupo incluye 2 que corrompen la pureza de la fe y del culto.
El tercer grupo contiene 8 pecados que hieren el orden de la caridad fraterna.
El cuarto grupo habla de la embriaguez y sus consecuencias que degradan la dignidad del ser humano.
Juanito 51
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Para entender mas sobre nuestro comportamiento vamos a ver como está constituido el ser humano
1 Tes. 5,23
Que el Dios de la paz los haga santos en toda su persona. Que se digne guardarlos sin reproche en su espíritu, su alma y su cuerpo hasta la venida de Cristo Jesús nuestro Señor.
Como vemos el ser humano tiene: cuerpo alma y espíritu.
El cuerpo es la materia, la que maneja los impulsos, necesidades, apetitos, deseos, pasiones, vicios, etc.
El alma está compuesta por la mente, la voluntad, inteligencia y pensamiento.
El espíritu es la parte que nos identifica con Dios.
Nosotros antes de conocer a Cristo estábamos siendo gobernados por el cuerpo y la mente, pero ahora que ya conocemos a Jesús nuestro espíritu debe tener sometidos al cuerpo y a la mente.
Pero como todos sabemos no ha sido fácil, es una lucha interior diaria a la que nos enfrentamos y a veces nos domina la carne y damos frutos de la carne y en otras ocasiones nuestro espíritu domina y damos frutos del espíritu.
LOS FRUTOS DE LA CARNE
Los frutos de la carne son: (Gal. 5, 19-21)
Ahora bien, las obras de la carne son manifiestas. Son estas:
fornicación, impureza, libertinaje;
idolatría, hechicería;
odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones, sectarismos, envidias;
embriagueses, orgías y cosas semejantes.
Esta lista de vicios cubre 4 campos:
El primer grupo presenta 3 pecados de sensualidad en el sentido estricto de la palabra.
El segundo grupo incluye 2 que corrompen la pureza de la fe y del culto.
El tercer grupo contiene 8 pecados que hieren el orden de la caridad fraterna.
El cuarto grupo habla de la embriaguez y sus consecuencias que degradan la dignidad del ser humano.
Juanito 51
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lunes, 25 de mayo de 2009
La ira
Por: Juanito 51
Al que acostumbra a vengarse, será víctima de la venganza de DIOS, quien le pedirá cuenta exacta de sus pecados.
Perdona a tu prójimo la injuria y se te perdonaran tus pecados.
No es posible que guardes rencor contra las personas y tú le pides perdón al Señor que perdone tus faltas. Si no sientes misericordia por tus semejantes, como poder suplicar misericordia por tus errores?. Quién va a tener piedad por tus delitos?.
Acuérdate que tu final llegará y no debes guardar odio ó rencor. Tú cumple los mandamientos de DIOS. No aborrezcas a tu prójimo y perdónale las ofensas que te haya hecho.
Aléjate de los pleitos y disminuirán tus pecados, porque el hombre iracundo enciende violencia. El hombre pecador siembra la turbación entre amigos y en medio de los que viven en paz arroja la calumnia.
Tú alimenta tu alma con el amor que diariamente recibes de DIOS, no te sientas indigno de ese amor, porque el te creó porque te ama, tú eres único e irrepetible, eres precioso a sus ojos. Tú vales la sangre de Jesucristo. No eres hijo de cualquier persona ERES HIJO DE DIOS y con esa alegría debes vivir para que la ira ó el rencor no entren a tu vida.
Por Juanito 51
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Al que acostumbra a vengarse, será víctima de la venganza de DIOS, quien le pedirá cuenta exacta de sus pecados.
Perdona a tu prójimo la injuria y se te perdonaran tus pecados.
No es posible que guardes rencor contra las personas y tú le pides perdón al Señor que perdone tus faltas. Si no sientes misericordia por tus semejantes, como poder suplicar misericordia por tus errores?. Quién va a tener piedad por tus delitos?.
Acuérdate que tu final llegará y no debes guardar odio ó rencor. Tú cumple los mandamientos de DIOS. No aborrezcas a tu prójimo y perdónale las ofensas que te haya hecho.
Aléjate de los pleitos y disminuirán tus pecados, porque el hombre iracundo enciende violencia. El hombre pecador siembra la turbación entre amigos y en medio de los que viven en paz arroja la calumnia.
Tú alimenta tu alma con el amor que diariamente recibes de DIOS, no te sientas indigno de ese amor, porque el te creó porque te ama, tú eres único e irrepetible, eres precioso a sus ojos. Tú vales la sangre de Jesucristo. No eres hijo de cualquier persona ERES HIJO DE DIOS y con esa alegría debes vivir para que la ira ó el rencor no entren a tu vida.
Por Juanito 51
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